La leyenda de la lechuza es una de las más enigmáticas del folclore popular, con raíces que combinan el misticismo, el amor, el sacrificio y la tragedia. Esta historia no sólo nos habla del origen simbólico de este ave nocturna, sino también de una promesa eterna entre una madre, su hija y un demonio convertido en guardián.
Una niña de ojos azules y cabello de fuego
Hace mucho tiempo, en un poblado rodeado por la selva, vivía una joven madre con su pequeña hija, una niña hermosa de ojos azules y cabello rojo como el fuego. La felicidad no duró mucho: la madre enfermó gravemente y, al saber que su final estaba cerca, rogó a Dios que se llevara a su hija con ella. Dios no respondió.
La llegada del demonio
Desesperada, la mujer suplicó a un demonio que cuidara a su hija, y este aceptó. Desde ese día, la protegió con todo lo que tenía: le dio alimento, abrigo y un hogar rodeado por la naturaleza. Aunque nunca se acercaba, siempre vigilaba a la niña desde las sombras.
El vínculo entre la niña y el demonio
Los animales del bosque jugaban con la niña sin miedo. Ella, consciente de la presencia invisible que la cuidaba, un día dijo: “Sé que estás ahí. Sal, quiero verte”. Para no asustarla, el demonio adoptó la forma de una lechuza blanca y se presentó ante ella. Desde entonces, la lechuza jamás se separó de la niña.

Una muerte injusta
Pasaron los años y la niña se convirtió en una mujer de incomparable belleza. Un día, al visitar un lugar sagrado al que la lechuza no podía entrar, fue vista por un hombre que, al ser rechazado por ella, decidió matarla. La lechuza, incapaz de protegerla en ese momento, esperó al asesino en la oscuridad. Cuando salió del recinto, la lechuza se transformó en demonio y lo aniquiló con furia.
El castigo y la esperanza
Dios, al presenciar que el demonio había protegido con amor y fidelidad a la joven durante toda su vida, le otorgó una oportunidad: “Te dejaré buscarla nuevamente, en algún lugar y en algún momento”. Desde entonces, el demonio vaga cada noche por el mundo en forma de lechuza, lanzando su canto en la oscuridad, buscando a su hija perdida.

La leyenda de la lechuza nos recuerda que el amor puede surgir de los lugares más inesperados. Las lechuzas no son seres malignos: son aves sabias que controlan plagas como roedores y serpientes, y no deben ser perseguidas ni temidas.
Esta es una de las muchas leyendas mexicanas que forman parte del imaginario colectivo y que siguen vivas en las noches del sureste mexicano.






















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